Ventajas de abrir una franquicia frente a un negocio tradicional

17 Marzo, 2016
Ventajas de abrir una franquicia frente a un negocio tradicional
  • Nos dan la notoriedad y la imagen. Tener una empresa de éxito que sea reconocida empezando desde cero es muy complicados. Hay casos de compañías con mucha fama y buena imagen, como es por ejemplo la empresa de camisetas originales Fanisetas, pero lograr ese recuerdo entre el público requiere de mucho tiempo y de un gran trabajo que les haga a los clientes vernos bien. Al contratar una franquicia, en realidad ya no tenemos que hacer nada para que el público sepa quiénes somos, porque ya tenemos una fama detrás. Por ejemplo, si abrimos una franquicia de cualquiera de las grandes hamburgueserías, nadie va a dudar cuando vea nuestro cartel acerca de lo que vendemos, porque aunque sea la primera vez que nos ven en nuestra ciudad ya nos conocen por los anuncios de la televisión, por habernos visto en otros lugares durante sus viajes, etc.
  • No tenemos que rompernos la cabeza con la decoración. A la hora de abrir un negocio siempre pensamos mucho en la decoración, ya que en función de esto vamos a atraer a los clientes en parte. Por ejemplo, desde que se viesen en la serie de televisión ‘Friends’, triunfan mucho esos bares en los que además de mesas con sillas duras tienen sofás para sentarnos. Suelen acabar un poco malparados por el trote que les dan los clientes, pero son una garantía para reunir a pandillas de amigos en nuestro local. También en función de la decoración vamos a atraer a un público de diferente edad, porque no es lo mismo una cafetería con motivos jóvenes o actuales que una por ejemplo con muebles coloniales, más para gente de mediana edad. Y este diseño influye también a la hora de vender ropa. Basta con pensar en que nuestras madres seguramente no comprarán en las mismas tiendas que nosotros, más juveniles. Pues bien, en el caso de contratar o arrendar los derechos de una franquicia, es la propia firma la que nos da las pautas a la hora de decorar el local, y todo bastante bien masticadito. Ellos ya han hecho los deberes y saben de sobra cuál es la imagen que mejor les conviene proyectar, y es la misma que tendremos que replicar nosotros en nuestro establecimiento.
  • Reduces los riesgos y las incertidumbres. Lo bueno de una franquicia es que cuando la contratas ya sabes lo que hay, sabes la clase de público que tienes y cuáles son todos los competidores posibles. No dejas ningún cabo suelto, si acaso el azar o la suerte, pero más o menos está todo más controlado que lanzándote a la aventura sin estudios de mercado previos.
  • Formación. Muchas de las empresas franquiciadoras ofrecen a sus nuevas incorporaciones formación sobre el negocio y cómo llevarlo, así como sobre las tecnologías que se usan en el mismo, desde los programas informáticos para llevar la contabilidad o los pedidos, hasta cómo atender al público. Se trata de algo que tenemos que aprender de cero si abrimos un negocio tradicional, y para lo que en la mayor parte de los casos no tenemos cursos ni talleres donde aprender, sino que lo hacemos a medida que vamos adquiriendo experiencia en el negocio.
  • Abrir una franquicia es un proceso mucho más largo que el de emprender un negocio tradicional por nuestra cuenta. En la empresa a la que compramos los derechos ya están acostumbrados a hacer este tipo de trámites y nos guiarán para que todo sea más rápido y efectivo. Ellos mismos ya se han encontrado con anterioridad con cualquier problema que nos pueda surgir y lo resolverán mucho antes por su experiencia.
  • Al igual que sucede al principio, a la hora de abrir el negocio, el franquiciado siempre cuenta con el soporte de la empresa matriz cuando surge cualquier problema y no sabe cómo solucionarlo.

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