Cómo prevenir las hernias.

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Hèrnia estrangulada

Las hernias son una de las dolencias más molestas y dolorosas que puedes sufrir. Pueden aparecer en la ingle, en el ombligo o en el esternón, en otras zonas del cuerpo. Pero ¿qué son en realidad?, ¿cómo se tratan? Y sobre todo, ¿cómo puedes prevenirlas?

Quien las ha sufrido lo sabe. Una hernia te impide hacer una vida normal. Sientes un dolor intenso en la zona donde ha aparecido, principalmente cuando se está formando y aprecias un bulto molesto que aumenta cuando haces esfuerzo y disminuye cuando te encuentras en reposo.

Algunas personas piensan que la hernia es un trozo de tejido que ha quedado atrapado entre dos vértebras o en una articulación como la ingle. Es como si la carne hubiera recibido un pellizco, y no pudiera salir de la cavidad donde ha penetrado. Como veremos a lo largo del artículo, esto no es así.

También se piensa que las hernias aparecen por un sobreesfuerzo. De ahí proviene la expresión popular: “Te has herniao”. Parece como si la hernia fuera el resultado de un trabajo físico intenso o de un gesto brusco mal realizado.

Esta es la percepción popular que tenemos de las hernias. O al menos, como nos las explicamos. Sin embargo, este incidente físico es más complejo.

¿Qué es una hernia?

Los cirujanos del Centro Quirúrgico Calero y Manzano, un centro sanitario de cirugía de Cartagena (Murcia), dirigido por la Doctora Purificación Calero y el Doctor Álvaro Martínez Manzano, cirujanos internistas y de aparato digestivo con una larga experiencia en cirugía interna, señalan que las hernias son bultos que aparecen en la pared abdominal o en la ingle debido al desplazamiento de vísceras o grasa por un orificio que se ha abierto en dicha pared.

Una hernia se produce cuando una parte del cuerpo, como un órgano o un tejido, sobresale a través de una zona débil de la pared que lo contiene. En la mayoría de los casos, esto ocurre en la pared abdominal, donde existen puntos naturales de menor resistencia. En esos lugares, el tejido se puede empujar hacia afuera, formando una protuberancia visible o palpable. Aunque las hernias más comunes son abdominales, también se pueden formar en otras partes del cuerpo, como las hernias discales (en la columna vertebral).

Desde el punto de vista médico, una hernia se forma cuando el peritoneo, una fina membrana que recubre la cavidad abdominal, se introduce a través de una abertura o punto débil en la capa muscular protectora llamada fascia, formando un pequeño saco.

En las primeras etapas, muchas personas no presentan síntomas, salvo la presencia de un bulto blando que puede aumentar de tamaño al toser, hacer esfuerzo o permanecer de pie. Sin embargo, con el tiempo puede generar dolor y tirantez, especialmente al levantar objetos pesados o realizar actividades que aumentan la presión en el abdomen.

En casos más graves, una parte del intestino puede quedar atrapada dentro del orificio de la hernia, impidiendo el paso normal de sangre. A esta complicación se la llama hernia estrangulada, y se manifiesta con un dolor intenso, hinchazón, náuseas, vómitos y dificultad para evacuar o expulsar gases

Las causas de una hernia pueden ser variadas. A veces se deben al esfuerzo físico excesivo, y otras al estreñimiento crónico, a tos o estornudos fuertes, o a problemas que aumentan la presión sobre el abdomen, como el sobrepeso, la acumulación de líquidos, o el agrandamiento de la próstata.

También pueden estar relacionadas con la debilidad hereditaria de la pared abdominal o con una mala nutrición.

Los tipos de hernias.

La web Medline Plus nos recuerda que las hernias se clasifican según su ubicación. Estas son algunas de ellas:

  • Hernia inguinal: Es la más frecuente, sobre todo en hombres. Se produce cuando una parte del intestino o del tejido abdominal sobresale a través del canal inguinal, una zona naturalmente débil situada en la ingle. En muchos casos aparece por levantar peso excesivo, realizar esfuerzos continuos o tener una debilidad congénita en esa zona. Puede extenderse hacia el escroto, generando dolor y una visible protuberancia.
  • Hernia femoral: Se localiza en la parte superior del muslo, justo debajo de la ingle, y es más habitual en mujeres, especialmente después de embarazos o por debilitamiento de la pared abdominal. Se forma cuando el tejido graso o una porción del intestino atraviesan este conducto. A menudo pasa desapercibida al principio, pero puede causar dolor agudo si se estrangula.
  • Hernia umbilical: Aparece en la zona del ombligo y es más común en recién nacidos o mujeres embarazadas. Ocurre cuando el músculo que rodea el ombligo no se cierra completamente tras el nacimiento o se debilita con el tiempo. En adultos puede deberse a la obesidad, esfuerzos físicos o embarazos repetidos.
  • Hernia de hiato: Se origina cuando una parte del estómago asciende hacia el tórax a través del diafragma, el músculo que separa el abdomen del pecho. Esta hernia puede provocar reflujo, acidez y dificultad para tragar. Es más común en personas mayores o con sobrepeso.
  • Hernia quirúrgica: Surge en el lugar de una cicatriz tras una operación abdominal. El tejido puede salir a través de la zona debilitada de la pared que no cicatrizó correctamente. Es habitual en personas que han tenido múltiples cirugías o infecciones en la herida.
  • Hernia discal: A diferencia de las anteriores, afecta la columna vertebral. Se produce cuando el núcleo gelatinoso de un disco intervertebral se desplaza y presiona los nervios cercanos. Esto provoca dolor en la espalda o el cuello, dependiendo de la zona afectada.

El tratamiento.

La cirugía es el único tratamiento que permite reparar una hernia de forma definitiva. Consiste en corregir el área debilitada de la pared abdominal  y cerrar el orificio por donde se ha producido la hernia. Aunque se trata de una intervención segura, puede implicar ciertos riesgos en personas con enfermedades graves o con un estado de salud delicado.

Durante la operación, el cirujano realiza una pequeña incisión cerca del bulto donde se encuentra la hernia. A través de ella, separa cuidadosamente los tejidos hasta localizar el saco. Una vez identificado, el contenido desplazado, se recoloca en su lugar natural, dentro de la cavidad abdominal. Para evitar que vuelva a salir, se refuerza la zona con una malla especial que cubre el orificio, actuando como soporte de los tejidos debilitados.

El procedimiento suele realizarse bajo anestesia local, combinada con sedación. De este modo, el paciente se mantiene dormido y sin dolor, pero no necesita asistencia respiratoria. Este tipo de anestesia permite una recuperación más rápida y con menos efectos secundarios que la anestesia general.

Una vez completada la reparación, el cirujano cierra las capas de tejido que se abrieron durante la intervención. Para ello, se utilizan distintos tipos de suturas reabsorbibles, que no requieren ser retiradas posteriormente.

En la mayoría de los casos, la recuperación de esta operación es rápida y los resultados son favorables. Es poco frecuente que una hernia reaparezca después de una cirugía bien realizada, aunque las hernias relacionadas con cicatrices quirúrgicas previas pueden tener un riesgo algo mayor de reaparecer.

Cómo prevenirlas.

Las hernias pueden aparecer de manera silenciosa y pasar desapercibidas durante un tiempo. Aunque al principio no suelen provocar molestias importantes, con el tiempo pueden aumentar de tamaño y complicarse, lo que hace necesario detectarlas a tiempo y tomar medidas para prevenir su aparición.

Al principio, muchas hernias son pequeñas y apenas se notan. Sin embargo, si el saco herniario crece o una parte del intestino queda atrapada en su interior, pueden presentarse dolor e inflamación. En casos graves, la hernia puede torcerse o quedar estrangulada, interrumpiendo el flujo sanguíneo hacia el tejido afectado. Esta situación requiere atención médica inmediata y, con frecuencia, una intervención quirúrgica de urgencia.

La página web colombiana  Hospital del Trabajador indica que prevenir la aparición de las hernias es posible adoptando hábitos saludables. Es importante aprender a levantar peso de forma correcta, utilizando las piernas y no la espalda o el abdomen. Mantener un peso corporal adecuado, evitando la obesidad y el sobrepeso. Y por supuesto, prevenir el estreñimiento mediante una dieta rica en fibra, una buena hidratación y horarios regulares para ir al baño.

La práctica regular de ejercicio fortalece los músculos y mejora la resistencia del cuerpo frente a este tipo de lesiones. Practicar series de abdominales de manera habitual, en el gimnasio o en casa, fortalece la pared abdominal sin ejercer una presión excesiva.

Por otro lado, actividades físicas de bajo impacto como el yoga, el pilates o la natación pueden ser beneficiosas para reforzar la pared abdominal y prevenir la aparición de hernias.

Como vemos, evitar el sedentarismo y llevar un estilo de vida saludable puede evitar en gran medida la aparición de estas lesiones internas. Todo se reduce a llevar una vida activa, con cierta actividad física y tomar una alimentación sana y rica en fibras naturales.

Finalmente, los hombres, además, deben acudir al médico si sienten dificultad  al orinar, ya que podría indicar un problema de próstata que aumente el riesgo de padecer una hernia.

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